El pasado día miércoles seis de abril del año en curso, murió el maestro antorchista Raymundo Mendoza Solís. Según testigos presenciales, un tráiler lo atropelló, lo arrastró por varios metros para después arrollarlo, quitándole la vida; todo esto sucedió en la autopista Manzanillo-Guadalajara, en el tramo conocido como "Loma de Fátima". El maestro, que por cuestiones económicas viajaba en una motocicleta tipo motoneta y que regresaba de dar clases en el Bachillerato de EMSAD No. 18 ubicado en la comunidad de "los Asmoles", del municipio de Colima; murió en cumplimiento de su deber. Todos los antorchistas de Colima nos unimos a la pena que embarga a la familia de nuestro compañero, por esta terrible tragedia.
En defensa de la situación en que trabajaba el maestro Raymundo y de los cientos de maestros que laboran en los bachilleratos ya mencionados, quiero denunciar una vez más, como lo he hecho en inumerables ocasiones, el terrible viacrucis político al que han sido sometidos estos trabajadores de la educación. Los maestros de EMSAD y TBC son los más mal pagados y explotados de todo el Estado, para cumplir su función y atender a los jóvenes de los más apartados rincones del estado, tienen que viajar, algunas veces hasta cientos de kilómetros arriesgando su vida; son más de 200 maestros que laboran en más de 23 planteles ubicados en el área rural y atienden a más de 1,800 jóvenes; a unos se les niega la plaza y a otros el comprobante oficial de la clave de la misma; no se les otorga servicio médico de ningún tipo; no se les pagan las prestaciones que marca la ley; no se les da ningún apoyo para la vivienda, ni para mejorar su desempeño académico -con maestrías o diplomados, por ejemplo-. Sólo para resolver lo raquítico del salario, según reconoce el mismo Secretario de Educación, hacen falta más de 19 millones de pesos por año, y hasta ahora, - como ya lo había yo denunciado - solo se paga en salarios, los poco más de 7 millones de pesos que corresponden a la participación federal; es decir, reconoce que el estado no aporta ni un solo peso para los salarios de los maestros.
Asimismo, los jóvenes estudiantes de los EMSAD son, en los que menos invierte el estado; no tienen acceso a conocer completo ni su propio estado porque nunca se les promueven viajes de estudio ni de ningún tipo, no tienen becas ni la posibilidad segura de estudiar una carrera universitaria debido a su situación económica. Sus escuelas no tienen edificio propio; los alumnos toman clases en edificios prestados por las Telesecundarias que no tienen las condiciones mínimas necesarias para el nivel de bachillerato; ninguna escuela tiene las computadoras que se ocupan, ni el Internet necesario; ninguna tiene biblioteca, ni bibliografía suficiente para fortalecer la investigación; ninguna tiene laboratorio de ciencias ni mucho menos lo necesario para las actividades paraescolares (danza, teatro, música, poesía, y todas las actividades deportivas), tal como lo marca el nuevo plan curricular del año 2015. Para resolver las condiciones mínimas de estas escuelas y construir sus edificios, hacen falta, según propuesta de los padres y maestros, poco más de 170 millones de pesos.
Tal es la situación en la cual vivía y trabajaba el maestro Raymundo Mendoza; él era uno de los muchos, a quien la Secretaría de Educación les negó la basificación y por lo mismo todo tipo de apoyo; el maestro era uno de los que ganaba, al momento de su muerte, hasta cincuenta por ciento menos de lo que se le debería de pagar, nunca se le dio seguro médico, nunca se le pagaron las prestaciones que marca la ley, nunca se le dio apoyos para la vivienda, ni para la educación de sus hijos y no digamos para su capacitación continua. Con su muerte, su familia queda en el desamparo, dependiendo sólo del salario de la madre para pagar la renta de su casa, los servicios, la salud, la educación, el vestido y el bienestar general de sus tres hijos.
No hace mucho, en mi calidad de dirigente estatal de los antorchistas colimenses, tuve la oportunidad de entrevistarme con el Licenciado José Ignacio Peralta Sánchez; en este encuentro puse en sus manos todas y cada una de las peticiones de mis compañeros, incluidas, desde luego, las de los maestros de EMSAD y TBC, que como ya ha quedado dicho hasta la saciedad, son de urgente atención. Ha pasado más de una semana de dicha reunión y ya perdimos la vida de uno de nuestros compañeros. Por esta razón y dado que no vemos intención alguna del Secretario de Educación, Oscar Javier Hernández Rosas, de querer acatar la indicación del Gobernador, en el sentido de atender y resolver las múltiples peticiones de los maestros, entre las que se encontraban las del compañero Raymundo; nos vemos en la imperiosa necesidad de hacer uso de nuestro derecho constitucional y salir a la calle a protestar. Ya esperamos lo suficiente y trágicamente pagamos nuestra cuota de sangre con la muerte del maestro Raymundo, la memoria de nuestro compañero fallecido nos dice claramente que llegó la hora de protestar, que los maestros antorchistas y también los que no lo son, deben entender que reclamar sus derechos ya no sólo es una necesidad, es también ahora cuestión de vida o muerte. Si el maestro Raymundo hubiera viajado en coche en vez de motocicleta, si hubiera ganado más de lo que le pagaban, tal vez (aunque sólo tal vez) hubiera salvado la vida. "Morir en antorcha no es morir, morir en antorcha es vivir".
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