La pobreza laboral en Oaxaca se profundiza, pues según el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) en el estudio Persistencia de Pobreza Laboral, siete de cada diez hogares, 73.7 %, no lograron superar esta condición en el último año, lo que confirma que el actual modelo económico no procura el bienestar de las mayorías trabajadoras.
La historia ha demostrado que ningún cambio verdadero ocurre sin la participación activa del pueblo.
Por otro lado, datos del Banco de México (Banxico) demuestran que en Oaxaca, tan solo en el cuarto trimestre de 2025, la construcción registró una alarmante caída de 42.9 % anual, mientras que el turismo descendió 2.3 %.
Y aunque algunos sectores como la producción de mezcal han mostrado dinamismo, este crecimiento es insuficiente para compensar el deterioro general de la economía, porque no se traduce en un impulso para los trabajadores del campo, sino solo en el reducido mercado de exportación.
La pobreza laboral es un asunto histórico. La caída de sectores productivos y la desigualdad en las condiciones de vida no son fenómenos aislados, sino expresiones de una misma lógica: la subordinación del trabajo al gran capital, donde la riqueza generada socialmente no se distribuye equitativamente, sino que se concentra, mientras unos cuantos acumulan fortunas insultantes y la mayoría de la población enfrenta condiciones cada vez más precarias.
Teniendo en cuenta ese panorama, las soluciones planteadas desde el discurso oficial resultan limitadas porque ni los programas asistenciales ni la simple atracción de inversión privada logran revertir la tendencia, y se hace necesaria una transformación de fondo que modifique las relaciones económicas y coloque en el centro a la clase trabajadora.

Eso es lo que ha planteado el Movimiento Antorchista: la instauración de un gobierno que ponga en el centro de su proyecto a quienes, con su trabajo, generan la riqueza social que se reparten los grandes patrones que les dan sueldos de hambre. Para ello es necesaria la organización y concientización del pueblo, pues sólo este será el promotor del cambio.
No se trata únicamente de gestionar apoyos, sino de construir una fuerza social capaz de exigir y conquistar mejores condiciones de vida.
La unidad de campesinos, obreros, estudiantes y sectores populares es indispensable para enfrentar un sistema que por sí mismo no corregirá sus desigualdades.
La inversión real en infraestructura, la reactivación del campo, el apoyo a la industria nacional y políticas que garanticen empleo digno y salarios suficientes sugieren que el poder político esté en manos del pueblo trabajador para que así se intervenga de manera decidida en la economía.
Asimismo, se plantea la urgencia de atender el problema de la seguridad, no solo desde una perspectiva policíaca, sino atacando sus causas profundas: la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades.

Con esto se darían pasos hacia una transformación más profunda: la construcción de una sociedad donde la riqueza no sea apropiada por unos cuantos, sino distribuida en función del trabajo colectivo.
Esto requiere no sólo cambios económicos, sino también una conciencia política que permita a las mayorías comprender su papel en la producción y en la transformación social.
Si Oaxaca continúa por la ruta actual, se perpetuará la pobreza, la inseguridad y la desigualdad. Apostar por la organización popular y por un proyecto de transformación estructural, en cambio, abre la posibilidad de un futuro distinto.
La historia ha demostrado que ningún cambio verdadero ocurre sin la participación activa del pueblo. En ese sentido, la salida no está en esperar soluciones desde arriba, sino en construirlas desde abajo, con la fuerza organizada de quienes día a día sostienen la vida económica del país.
Sólo así será posible que el trabajo recupere su valor, que la seguridad deje de ser un privilegio y que Oaxaca avance hacia una sociedad más justa, donde la riqueza generada beneficie realmente a todos, porque hasta la fecha, Morena ha demostrado que no le interesa el bienestar de los oaxaqueños, sino sólo el dinero para sus bolsillos.
Nuestra tarea entonces es aún más grande, es histórica, porque los antorchistas conocemos Oaxaca y su solución, por eso debemos confiar en nuestra propia fuerza.
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