• Dieciséis hospitales privados frente a cuatro públicos evidencian rezago para más de un millón de habitantes
La realidad tan injusta que viven todos los días miles de familias chihuahuenses en los hospitales públicos es algo que ya no se puede esconder con discursos políticos. La falta de medicamentos y espacios donde atenderse es una constante, indicó el profesor Iván Leo Tepatzi, activista social de la zona sur de Chihuahua capital.
“Nos venden la idea de que el sistema de salud mexicano ya es el mejor de todo el continente, pero basta con darse una vuelta a los hospitales para ver la realidad: saturación, falta de medicinas e instalaciones deterioradas”.
Mientras la población crece a ritmo acelerado, la infraestructura de salud pública permanece prácticamente congelada en el tiempo. En la capital del estado, donde hoy habitan un poco más de un millón de personas, los hospitales públicos que sostienen la atención médica fueron construidos hace décadas, cuando la ciudad era apenas una fracción de lo que es ahora.
A pesar de este crecimiento, la inversión en nuevos hospitales públicos ha sido prácticamente nula. Las mismas instalaciones que atendían a poco más de 300 mil habitantes en 1980 hoy enfrentan una demanda de cerca de un millón de ciudadanos. Las salas de urgencias saturadas, la falta de camas y el desabasto de medicamentos son parte de una realidad cotidiana para miles de chihuahuenses.

En contraste, el sector privado ha experimentado un crecimiento notable. Actualmente operan dieciséis hospitales modernos, según el registro público municipal de salud, equipados con tecnología de punta, instalados en zonas de alto desarrollo urbano.
Sin embargo, estos servicios tienen un costo que resulta inaccesible para la mayoría de las familias trabajadoras, quienes, ante la falta de opciones públicas eficientes, se ven obligadas a endeudarse o, en el peor de los casos, a postergar su atención médica. La diferencia es abismal: dieciséis hospitales privados contra cuatro públicos.

El caso más evidente es el del Hospital General de Chihuahua, inaugurado en 1988, considerado el más reciente dentro del sistema público estatal. Junto al Hospital Central Universitario, con más de un siglo de historia, y las unidades del IMSS e Issste construidas entre las décadas de 1960 y 1970, conforma la base hospitalaria de una ciudad que ha duplicado su población en los últimos 30 años.
Esta desigualdad evidencia una tendencia preocupante: mientras el Estado reduce su presencia en la garantía del derecho a la salud, la iniciativa privada ocupa ese espacio bajo una lógica de mercado. La salud, en este contexto, deja de ser un derecho universal para convertirse en un privilegio.

Esta situación, señala Lenin Nelson Rosales Córdova, dirigente del Movimiento Antorchista en Chihuahua, es uno de los ejes de lucha del antorchismo nacional:
“Son las familias humildes las que padecen todos los días la falta de espacios públicos donde atender sus enfermedades, obligándolos a acudir a farmacias económicas o, si la urgencia es mayor, a clínicas particulares, gastando lo que no tienen, endeudándose, y todo porque la inversión en salud se estancó. Nos venden la idea de que el sistema de salud mexicano ya es el mejor de todo el continente, pero basta con darse una vuelta a uno de los pocos hospitales que tenemos en Chihuahua para darse cuenta de la realidad: hospitales hasta el tope de enfermos, sin medicinas e instalaciones deterioradas”.

Esto que se vive en Chihuahua es el reflejo de lo que se vive en todo el país, continuó el activista:
“El mensaje es claro: si eres pobre no tienes derecho a enfermarte, y si te enfermas te ‘aguantas’ con los servicios públicos que hay. Lo que ocurre no se puede entender de otra forma; hay un desprecio declarado hacia la salud del pueblo trabajador.
Hoy, la realidad es clara: las ciudades crecen, pero los servicios públicos no. La falta de inversión en salud pública no solo es un problema administrativo, sino una omisión que golpea directamente a quienes menos tienen. Porque en México, y particularmente en Chihuahua, enfermarse sigue siendo, para muchos, un lujo que no pueden darse”.
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