El pasado domingo ocho de febrero, los miembros de la comunidad La Unión, del emblemático municipio de Tecomatlán, Puebla, fueron testigos de un evento que trasciende su historia reciente: la inauguración de la calle 5 de Mayo, cuya apertura al tránsito va mucho más allá de la entrega de una obra pública, y luce como símbolo material de una filosofía definida por más de medio siglo de trabajo conjunto.
En el pasado, esta vialidad fue una brecha de terracería que, durante la temporada de lluvias, se convertía en una trampa de lodo y aislaba a las familias al dificultar su acceso a los servicios básicos. Su precariedad no sólo resultaba molesta debido a estos problemas, además les recordaba la marginación que se sufre en esta región de la Mixteca Poblana y en miles de comunidades rurales de todo México. Pero con la gestión del presidente municipal antorchista Avelino Cándido Rivera y el impulso del trabajo organizado fueron superadas esas dificultades.
La obra es el resultado de la gestión colectiva, porque los vecinos de La Unión eludieron al individualismo, formularon una petición organizada y le dieron un seguimiento. Esta sinergia entre el gobierno local y la base social demuestra que, con voluntad política orientada al bienestar común se derriban los obstáculos que parecen infranqueables, incluido el que plantean los recursos limitados.
En el acto inaugural, el corte del listón fue apenas el preludio de un análisis político profundo. Al mediodía, bajo el Sol característico de la Mixteca, el edil Avelino Cándido Rivera pronunció un discurso que puso el dedo sobre la llaga: la difícil situación financiera municipal en México. Rivera denunció firmemente los severos recortes presupuestales aplicados por el Gobierno Federal sobre los municipios, cuyo erario debería destinarse a los servicios y las obras públicas de demanda básica.
El alcalde explicó que la escasez lo ha obligado a un control óptimo, casi matemático, de los recursos públicos para beneficiar a la mayoría de tecomatecos; y destacó que las “faenas” –el trabajo comunitario voluntario– son nuevamente la pieza clave del desarrollo. Cuando el ciudadano pone su mano de obra y el ayuntamiento aporta los materiales y la dirección técnica, el presupuesto se multiplica. Este modelo de unidad popular es, según Rivera, el único escudo efectivo contra las políticas de austeridad que asfixian a las administraciones locales.
Uno de los pilares del Movimiento Antorchista es la formación integral de la juventud y la inauguración en La Unión es una muestra fehaciente de ello. El Pleno Juvenil Antorchista capturó la atención de los más de 500 asistentes con la declamación coral del poema Revolución, del guatemalteco Otto René Castillo.
“Los que no ven nos dicen ciegos, pero tú nos has enseñado a ver el color del tiempo que viene... Los cobardes nos dicen cobardes, pero contigo nos enfrentamos a las sombras y les cambiamos el rostro”. Estos versos no fueron pronunciados como una simple repetición memorística, sino como un manifiesto de identidad. En una era dominada por la “contaminación digital” y la alienación generada por las redes sociales y los dispositivos móviles, ver a jóvenes apasionados por la lírica social representa una acción contracultural.
Esta actividad reafirma la tesis de que una educación de “época nueva” –como la que se imparte en el Bachillerato Digital de La Unión y en la Secundaria Técnica número 16– es el mejor blindaje contra la manipulación de un sistema que prefiere a los jóvenes sumisos y distraídos.
El acto cultural se completó con música sudamericana y bailes regionales que mostraron el rigor y la disciplina de los estudiantes. No es sólo entretenimiento: demuestran que el pueblo es capaz de crear y apreciar la alta cultura cuando se le brindan las condiciones para organizarse.
El mensaje central de la jornada estuvo a cargo del maestro Eleusis Córdova Morán, quien realizó un llamado enérgico a la cohesión del movimiento. Su discurso no estuvo exento de advertencias basadas en la experiencia política reciente de municipios como Chimalhuacán e Ixtapaluca.
Córdova Morán denunció que el cambio de rumbo político en esas demarcaciones ha derivado en un deterioro notable de la calidad de vida. Y citó ejemplos contundentes: el incremento de la inseguridad, el colapso de los servicios de salud, la desaparición de orquestas sinfónicas y el abandono de infraestructura emblemática, como el Guerrero Chimalli. Incluso denunció la pérdida de proyectos educativos y recreativos por la irresponsabilidad de la administración municipal actual.
“No nos dejemos llevar por los cantos de sirena”, advirtió el líder antorchista. Su crítica se extendió a los legisladores que, olvidando su deber de representar a los ciudadanos, utilizan su cargo para hacer proselitismo discriminatorio y electoral, condicionando apoyos según la filiación política. Para el maestro Eleusis, el progreso de Tecomatlán no es un accidente, sino el resultado de décadas de “lágrimas, sudor y sangre”, una herencia que debemos defender con disciplina y unidad ante los intentos de calumnia externa.
El evento se clausuró entre consignas que resonaron en toda la comunidad: “¡Se ve, se siente, Antorcha está presente!”. La presencia de medio millar de antorchistas activos es la prueba de que el movimiento no sólo está vivo, sino que es consciente del periodo histórico que atraviesa.
La calle 5 de Mayo, además de una nueva realidad física, es una expresión simbólica de la capacidad de visión y de futuro que el ingeniero Aquiles Córdova Morán ha impreso en la organización. En Tecomatlán, la consigna es clara: unidad ante todo y continuidad en el progreso, como se escuchó al final de la jornada: ¡Que nadie se raje!
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