MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

REPORTAJE | La magia de la fisioterapia en Chimalhuacán

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Sorprendente, así, simplemente sorprendente podríamos calificar, amable lector, el trabajo de maestros y alumnos de la Licenciatura en Terapia Física de la Universidad Politécnica de Chimalhuacán (UPChi) que con amabilidad, sensibilidad, candidez y trato humano atienden a los pacientes que acuden a un servicio poco usual en las instituciones educativas: la rehabilitación física que los fisioterapeutas ofrecen de manera gratuita a todo aquel que solicite sus servicios.

Para dimensionar un poco el trabajo de los jóvenes pasantes y sus mentores, también jóvenes, adelantaremos la primera historia que nos encontramos en la sala de terapia física, el principal espacio donde hacen magia y vuelven a la vida a hombres y mujeres que vuelven a gozar de la movilidad de sus extremidades, por ejemplo.

Doña María Esther, vecina de Chimalhuacán desde hace seis años, a donde llegó proveniente del vecino Nezahualcóyotl, hace poco más de dos meses sufrió un ataque isquémico, conocido comúnmente como infarto cerebral, que la llevó a una parálisis total. Así es la vida a veces: de la noche a la mañana se quedó postrada, paralítica, y dependiente de una silla de ruedas y de su amado compañero, su esposo.

A sus 76 años, doña María Esther tenía pocas posibilidades para recuperar lo que el infarto cerebral se llevó, a esa edad una intervención quirúrgica ofrece pocas posibilidades de vida, la resignación era lo que le quedaba. Una buena vecina se enteró de su situación y le recomendó que fuera a terapia física en la Universidad Politécnica de Chimalhuacán (UPChi), “son muy buena gente, no le cobran nada; ellos le van a regresar la movilidad y a la vida, ya lo verá”, le comentó entusiasmada a doña María Esther.

La llevó un taxi de esos que se contratan por aplicación, pues la UPChi fue construida en un espacio cercano a lo que sería una zona industrial que ofrecería empleos a 40 mil personas, mismo que también estaría cercano al aeropuerto de Texcoco; sí el que por puro capricho canceló el presidente López Obrador, por lo que la Universidad Politécnica quedó aislada, a cien metros del Circuito Mexiquense, sin más compañía que un extenso terreno salitroso y vecino del Lago Nabor Carrillo, que esperan impacientes el sueño chimalhuacano de construir una ciudad deportiva, una extensa área recreativa y el parque industrial mencionado que se quedó en el olvido por las actuales autoridades municipales y estatales.

La UPChi fue gestionada y fundada por los gobiernos del Proyecto Nuevo Chimalhuacán que encabezaron Jesús Tolentino Román Bojórquez y Telésforo García Carreón, militantes del Movimiento Antorchista Nacional. Con una matrícula de 120 alumnos, la UPChi inició operaciones en septiembre de 2013 y desde entonces a los alumnos se les fomentan los valores de: disciplina, honradez y profesionalismo.

En 2022, la UPChi tuvo una matrícula de 700 alumnos, de los cuales 500 estudian terapia física, a quienes desde iniciadas operaciones se les fomentó que dieran trato cálido y humano a los pacientes.

Además de la licenciatura en Terapia Física, la Universidad Politécnica ofrece las licenciaturas en Ingeniería Civil, Ingeniería en Logística y Transporte, Ingeniería en Sistemas Estratégicos de Información y Administración y Gestión Empresarial.

Con más dudas que esperanzas, doña Esther llegó a la UPChi, fue recibida por un guardia que presto vigila el acceso a la institución; otro de los vigilantes la ayudó con el manejo de la silla de ruedas. Fue recibida por un grupo de jovencitas que inmediatamente pusieron manos a la obra, bajo la supervisión de sus mentores, como el mismo Méntor frente a Telémaco.

Dos meses han pasado desde que doña Esther llegó a las manos de los fisioterapeutas de la UPChi, alumnos y maestros y en tan corto tiempo doña María Esther ha vuelto a caminar, aún se ayuda con un bastón, “pero ya no depende de la silla de la ruedas”, comentó su esposo, a quien se le llenaron los ojos de agua de la emoción que siente al ver caminar nuevamente a su esposa, quien estaba sentado junto al que escribe, en una modesta pero limpia sala de espera, desde donde se ve todo el trabajo que realizan los fisioterapeutas, titulados y en ciernes, con sus pacientes.

Como testigo fiel y como un reconocimiento a los maestros, alumnos, personal administrativo y de intendencia de la UPChi puedo afirmar que el trato es de lo más terso, de lo más amable, humano. Nada que ver con el trato carcelario que muchas veces recibimos en el IMSS, ISSSTE o ISSEMYM, salvo sus honrosas excepciones, que además, ellos si reciben un ingreso por sus malos servicios y atención.

Es muy valioso el trato humano que las jóvenes fisioterapeutas dan a sus pacientes y la gratuidad del servicio es otro plus, aunque los espíritus chocarreros que no descansan ya hablan de una cuota de recuperación; ojalá no sea mucho, pero el mayor deseo es que el trato no cambie, que siga siendo igual de afable.

Muchas historias de éxito hay en el trabajo de los estudiantes y maestros de la Licenciatura en Terapia Física y aunque el espacio no da para mucho, ofrecen todos los servicios de una terapia física profesional que podría costar hasta mil 200 pesos la sesión.

Quiero compartir otra historia, la de Maya, una jovencita de 19 años que nació con una discapacidad: no ve, no hablaba cuando llegó a la institución, aunque si leé y escribe en braille, siempre estaba callada, era muy introvertida por su condición, pero aquí, en la UPChi, encontró la atención para socializar, externar todo lo que hay dentro de ella y, después de cuatro meses de tratamiento, ya habla.

Asistió a un “concierto” de música que dieron alumnos de la materia de Lenguaje de Señas Mexicanas que interpretaron magníficamente “La llorona”, dedicado al público oyente y al carente del sentido del oído, en el lenguaje de señas. Maya mostró, al igual que el público asistente, la alegría y el gusto por el concierto de señas que los estudiantes de terapia física ofrecieron en las instalaciones de la UPChi, en un modesto pero adecuado auditorio.

La carrera de Licenciado en Terapia Física tiene una matrícula de aproximadamente 500 estudiantes; sus padres hacen el sacrificio para darles lo necesario para su comida y transporte, que por cierto ahora padecen porque al entrar la administración morenista en el gobierno municipal ya no los apoya con el transporte escolar que el ex presidente municipal, Jesús Tolentino Román, les había brindado para trasladarlos de forma gratuita desde el metro más cercano (Pantitlán) o de las principales vías de comunicación a su Universidad, como la carretera México-Texcoco, ahora ellos o sus familias tienen que resolver.

Los terapeutas en vías de titulación atienden a casi cien pacientes al día, cada equipo se hace cargo de ocho pacientes diarios. Muchos de estos pacientes vienen con secuelas de reanimación cardiopulmonar (RCP), que sufrieron algún accidente cerebral y, por lo mismo, ya no recuperan todo el movimiento de alguna de sus extremidades o, de plano se quedan con parálisis total. También llegan pacientes que sufrieron algún trauma por algún accidente, ambos encuentran la rehabilitación para recuperar el movimiento de su cuerpo, como es el caso de Mario, un bolero de la cabecera municipal de Chimalhuacán, que una caída de la bicicleta lo dejó en silla de ruedas, pero ya camina luego de cinco meses de tratamiento: “con dificultades pero ya camino y tengo la esperanza de caminar mejor en poco tiempo”.

Seguramente no faltaran los que tal vez digan que “los rehabilitan para aprender y después cobrar”, no lo puedo afirmar o negar, lo que sí puedo decir, porque me consta, es que la pasión y humanismo que aplican a su labor diaria no los he visto en otro lado y eso, necesariamente, los debe hacer mejores profesionistas de la salud, porque su formación está ligada íntimamente a curar al dolor y sufrimiento ajenos, sin esperar nada a cambio.  Vaya este material como un humilde homenaje a una labor por demás altruista a toda la UPChi, a todos, desde el más humilde de sus trabajadores hasta sus directivos, es la mejor forma de estudiar y, al mismo tiempo ser útil a la sociedad, particularmente con la parte más vulnerable y que no tienen las capacidades motoras, físicas, audiovisuales o de equilibrio, de la inmensa mayoría de los seres humanos y que tampoco tienen la capacidad económica para que les realicen terapias físicas en instituciones o consultas privadas.

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