MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La feria que nace del pueblo y para el pueblo

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En un país donde la violencia dicta el ritmo de la vida cotidiana y las festividades populares se han convertido en vitrinas del consumismo más descarnado, un pequeño municipio de la Mixteca poblana se empeña en demostrar que otra forma de organización social es posible.

Tecomatlán, conocido ya como La Atenas de la Mixteca, no sólo celebra una feria patronal; ejecuta, cada mes de febrero, un manifiesto político en forma de fiesta.

Mientras en el resto del país las familias deben endeudarse para acceder a un concierto o a un jaripeo, en Tecomatlán más de 100 mil visitantes disfrutarán de espectáculos de primer nivel sin desembolsar un solo peso.

La XXII edición de la Feria de la Unidad entre los Pueblos, programada del 15 al 22 de febrero de 2026, no es un evento más en el calendario nacional. Es, ante todo, una afrenta directa al modelo de desarrollo que ha normalizado la exclusión, la mercantilización del ocio y la conversión del espacio público en zona de riesgo.

Mientras en el resto del país las familias deben endeudarse para acceder a un concierto o a un jaripeo, en Tecomatlán más de 100 mil visitantes disfrutarán de espectáculos de primer nivel, con artistas como Los Primos de Durango o Julio Preciado, sin desembolsar un solo peso.

Lo notable no es la gratuidad en sí misma, sino el entramado social que la sostiene. Detrás de cada espectáculo, de cada sanitario limpio, de cada espacio seguro, hay un año entero de trabajo colectivo. 

Rifas, kermeses, cooperativas escolares y la participación activa de comunidades enteras hacen posible lo que para muchos resulta inverosímil: que la fiesta no sea negocio, sino un derecho.

Tecomatlán no siempre fue así. Hasta la década de 1970, era un pueblo sumido en el caciquismo y el abandono institucional. Su transformación no llegó con promesas de campaña ni con programas asistenciales, sino con organización popular y una convicción inquebrantable: la educación y la cultura son las únicas herramientas capaces de romper el ciclo de la pobreza.

Hoy, el municipio cuenta con infraestructura educativa que va desde la educación inicial hasta el Instituto Tecnológico de Tecomatlán, además de espacios culturales que envidiarían muchas capitales estatales.

Este modelo, sin embargo, incomoda. Incomoda porque demuestra que la pobreza no es un destino inexorable, sino el resultado de decisiones políticas. Incomoda porque evidencia que, cuando el pueblo se organiza, prescinde de intermediarios que lucran con su necesidad. E incomoda, sobre todo, porque plantea una pregunta incómoda: por qué, si Tecomatlán puede, otros municipios no.

La respuesta tiene nombre y apellido: intereses creados. En un país donde la política se ha convertido en una extensión de los negocios privados, ceder espacios de poder al pueblo implica renunciar a jugosas ganancias.

No es casualidad que, mientras Tecomatlán construye ciudadanía desde la fiesta, haya voces en la escena nacional que abogan por ceder soberanía al imperio del norte.

Resulta, cuando menos, paradójico que dirigentes de los partidos más visibles, los mismos que hoy exigen la intervención estadounidense para combatir al crimen organizado, hayan guardado silencio durante décadas ante el abandono de regiones enteras.

Que soliciten la presencia de fuerzas extranjeras en territorio nacional no es un acto de preocupación patriótica; es la confesión de una clase política que ha renunciado a gobernar para los de abajo. Para ellos, la patria no es un proyecto colectivo, sino un activo más en su cartera de inversiones.

Frente a esa concepción oligárquica, Tecomatlán levanta una bandera distinta. La Feria de la Unidad no es solo entretenimiento gratuito; es la puesta en escena de una idea tan sencilla como revolucionaria: que los pueblos pueden gobernarse a sí mismos, que la cultura no debe ser privilegio de unos cuantos y que la felicidad no tiene por qué estar mediada por el consumo.

En tiempos de polarización y desencanto, este municipio poblano nos recuerda que la esperanza no es un eslogan, sino una práctica cotidiana. Que la organización vence al destino; que, como bien señaló Fidel Castro, la patria debe ser, y puede ser, un espacio donde todos tengan oportunidades y derechos, no sólo una minoría privilegiada.

Tecomatlán es, en ese sentido, un espejo incómodo, pues nos devuelve la imagen de lo que podríamos ser si decidiéramos, colectivamente, poner la vida en el centro. Si la utopía consiste en caminar hacia horizontes mejores, entonces esta feria es, sin duda, una utopía en marcha.

La cita es del 15 al 22 de febrero. La entrada es libre. La lección, impagable.

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