MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Incremento de precios, culpa del libre mercado

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• Los alimentos básicos registran alzas de 126 % y reducen el poder de compra de los hogares pobres

En Campeche y en todo el país, va en aumento el precio de los artículos de consumo, incluidos los de primera necesidad, lo que angustia a las familias, sobre todo a las de menores ingresos. Eso se siente de manera agobiante, sin necesidad de pensarlo, en la economía familiar; o sea, todos los mexicanos lo sabemos, pues lo sentimos en carne propia, pero hay algunas precisiones que conviene que nosotros, los antorchistas, razonemos.

Las crisis son mecanismos para acelerar la obtención de ganancia. A esto es a lo que los farsantes de la ciencia llaman “libre mercado”.

“De enero a marzo, la inflación acumulada en el país fue de 1.5 %, mientras que para el segmento de menores recursos fue de 1.7 %; factores como el encarecimiento de alimentos impulsan este resultado y reflejan una “mala noticia” para la evolución de la pobreza, según un análisis de Banamex”, nos dicen los medios de comunicación (El Economista, 7 de mayo de 2026).

Es decir, el alza de precios golpea con más fuerza a los hogares que menos tienen. Esto es así porque los pobres gastamos más porcentaje de nuestros ingresos en alimentación que los ricos (gastan más en otras cosas), y es en los básicos donde se acentúa la inflación:

“El jitomate es uno de los alimentos que más se encarecieron en las últimas semanas. En la primera quincena de abril se disparó 126 % frente a igual periodo de 2025, según los datos de inflación del Inegi. Su precio llegó a tal nivel que, en algunos supermercados, se vende en 98.50 pesos el kilogramo, según un sondeo que realizó este diario” (El Economista, 4 de mayo de 2026). En verdad, el alza de precios golpea no sólo “con más fuerza a los pobres”, sino que a los ricos no los “golpea”; ellos se benefician de la inflación, abajo lo explicaré.

Otro dato: “La inflación general anual en Campeche fue de 5.1 % en abril de 2026, situándose como uno de los estados con el mayor incremento de precios en el país, por encima del promedio nacional del 4.45 %… por debajo sólo de Quintana Roo (5.7 %), Oaxaca (5.5 %) y Chiapas (5.1 %)… La inflación superior a la media nacional reduce directamente el poder adquisitivo de los hogares campechanos, encareciendo el costo de la canasta básica”, según el reporte oficial del INPC publicado por Inegi.

Los “especialistas” del sistema, expertos sólo en el manejo de los factores en función del mismo sistema, al que defienden y conciben como inmutable y eterno, dan explicaciones generales, ciertas a medias o más bien incompletas, tales como: factores climáticos y sequías (mermaron la producción agrícola, disparando el precio de alimentos y verduras por encima del 20 %); conflictos internacionales (la guerra en Ucrania y Medio Oriente encareció costos de energéticos y transporte a nivel mundial e impacta directamente en las gasolinas y fletes en México); ajustes fiscales y nuevos impuestos (entraron en vigor aumentos a los impuestos especiales (IEPS) en bebidas, tabaco, combustible y artículos de importación provenientes de Asia); problemas de seguridad (dificultades logísticas, cobro de piso e inseguridad en carreteras elevan los costos de distribución y transporte de mercancías hacia las tiendas locales); cadena de intermediarios (participación excesiva de intermediarios en la cadena de suministro encarece los productos del campo antes de que lleguen al consumidor final), etcétera.

Nosotros debemos completar la información: todos estos factores son ciertos, pero lo determinante es la ganancia de los capitalistas: nada en la sociedad se va a mover ni llegará a los consumidores si no se asegura la ganancia de los empresarios (productores y comerciantes), para lo cual no les importa el ciudadano, ni la ley, ni el ecosistema, ni la moral.

Por ejemplo, en el incremento mayor a 100 % del tomate, “de acuerdo con Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), los mayores incrementos se observan en la comercialización previa al consumidor final. El análisis que realizó concluyó que el problema no está en la producción, sino en las distorsiones registradas en la etapa de intermediación, especialmente en los autoservicios, que registran mayores márgenes de ganancia”.

Es decir, los capitalistas deciden subir excesivamente los precios en la venta al consumidor final, siendo los distribuidores menudistas quienes se llevan la mayor ganancia, no justificada, abusando de la situación, “consciente” o más bien perversamente. 

No es casualidad, pues, que los incrementos se presenten en los alimentos que más consumimos los mexicanos: tomate, cebolla, limón, chile serrano, etcétera.

Esto sucede en cada crisis, inflacionaria o de cualquier tipo, las cuales sirven para acelerar la concentración del dinero en manos de los ricos; las crisis son mecanismos para acelerar la obtención de ganancia. A esto es a lo que los farsantes de la ciencia llaman “libre mercado”: la libertad de los ricos para obtener e incrementar cada vez más sus ganancias, explotando a los pueblos, a sus necesidades, a su hambre, para hacerse cada vez más ricos.

Este enfoque debemos aplicar a todos los demás factores: los conflictos internacionales sí encarecieron los energéticos, fertilizantes y otros productos, además de interrumpir las cadenas de suministros, que abarcan países de todos los continentes. 

En particular, pararon el comercio entre Rusia y la Unión Europea, privando a ésta de gas y petróleo baratos, y obligándole a comprarlos más caros a los Estados Unidos, encareciendo todo; privaron a todo el mundo “occidental”, incluido México, de las materias primas y mercancías baratas de China, aumentando los aranceles (los que, por cierto, no pagan las empresas, sino los consumidores finales, o sea nosotros) y provocando el incremento en los costos de producción y, por ello, en los precios; la agresión contra Irán provocó el cierre de las vías de transporte de petróleo, gas, fertilizantes y otros productos, encareciendo los costos en todo el planeta. 

Todo esto fue provocado intencionalmente por los grandes capitalistas occidentales, en un intento de mantener su poder y su capacidad de generar y obtener ganancia.

Así, la inflación, el incremento de los precios de los productos, en realidad beneficia a los capitalistas. Carlos Marx, el humanista más grande que ha dado la civilización, analizó al capital e hizo evidente, entre otras cosas, que el precio de las mercancías, el valor de las mismas expresado en dinero, por su composición, recupera en su magnitud final toda la inversión de los capitalistas (los salarios de los obreros, las materias primas y los medios de producción) más una ganancia, de manera que ellos no pierden nunca, siempre y cuando las mercancías se realicen, se vendan.

Los consumidores finales no podemos dejar de comprarlas, nos moriríamos de hambre. ¿Qué podemos hacer? Por lo pronto, organizarnos y luchar para defender nuestros derechos e intereses inmediatos; pero también unirnos, organizarnos y luchar para algún día tener la fuerza real como pueblo para tomar el poder, cambiar al sistema y corregir todo este desbarajuste, de manera que la producción no tenga como fin la ganancia, sino la satisfacción de todas las necesidades de todos, del conjunto social visto como lo que realmente debemos ser: una gran hermandad de trabajadores, hombres y mujeres libres y unidos voluntariamente para construir juntos una nación poderosa y justa. Eso es posible y es cada día más urgente.

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