MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Historia y crítica

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La filosofía política ha hecho suya la categoría de opinión pública, atribuyéndole un rango teórico que describía la práctica política de la burguesía emergente de los siglos XVII y XVIII; esta nueva categoría surge como componente del proceso de constitución del Estado moderno burgués y, por tanto, es necesario entender las condiciones históricas que le dieron origen.

El surgimiento del Estado burgués como ordenamiento jurídico de las libertades individuales, una vez descartada la referencia a la teología y a la ética propia del régimen feudal, tuvo como fundamento la argumentación racional del principio de la universal e igual libertad individual. Características propias de una clase burguesa llamada a derrocar al régimen feudal convocando al nuevo orden social a la libertad universal e individual del hombre: libertades de propiedad, comercio, trabajo, contratación, herencia, propiedad, etcétera.

Bajo el nuevo régimen burgués, las “masas” demandan intervenir en la esfera pública, en los procesos legislativos y de gobierno, con el fin de resignificar la vigencia de los derechos iguales y universales, en un sentido de igualdad social concreta: comienza a socializarse así la esfera pública en el nuevo régimen burgués. La masa y sus organizaciones políticas son ahora nuevos sujetos políticos que participan en la esfera pública al llevar al nivel de la política sus reclamos de justicia social. Se convierte ahora lo privado en público comenzando a borrarse la separación entre el Estado y la sociedad civil.

Thomas Hobbes (1588-1679). En su obra, el Leviatán, proyecta un Estado que, basado exclusivamente en la autoridad del soberano, está completamente desvinculado de las convicciones y sentimientos de los súbditos. Puesto que éstos están excluidos de la publicidad en el aparato del Estado, la pugna que enfrenta con los sentimientos de sus súbditos está completamente desterrada de la esfera de la política.

John Locke (1632-1704). En su “Ley de opinión o reputación”, advierte tres clasificaciones de leyes: de opinión, divina y del Estado. Restaura la significación originaria de opinión: la idea que de uno tienen los demás, entendida no como apariencia engañosa, sino la opinión cuyo control social indirecto es más eficaz que la censura formal bajo amenaza de sanciones eclesiásticas o estatales. Por tanto, la define como ley de censura privada, sin aludir a la opinión pública. Por tanto, opinar no requiere un raciocinio, sino la simple manifestación de hábitos y prejuicios. El espíritu público de lo justo y lo correcto incorpora elementos característicos de lo que posteriormente se llamará opinión pública.

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). En su célebre Discurso sobre las artes y las ciencias, es el primer autor que utilizó la expresión opinión pública, utilizando esta nueva noción en el viejo sentido de opinión; el atributo pública denota de todos modos un cambio en la perspectiva para entenderla como la opinión del pueblo, es decir, refiriéndose a las costumbres, los usos y la opinión popular.

Immanuel Kant (1724-1804). Sostiene que la verdadera política no puede dar ni un paso sin rendir antes tributo a la moral, es decir, que entiende a la publicidad como principio de la mediación entre política y moral. La publicidad hace las veces de principio capaz de solidarizar la política con la moral.

El surgimiento del Estado burgués como ordenamiento jurídico de las libertades individuales tuvo como fundamento la argumentación racional del principio de la universal e igual libertad individual. 

Karl Marx (1818-1883). Sostiene que la sociedad capitalista está dividida principalmente por dos clases sociales antagónicas: burguesía y proletariado. Y, por tanto, en una sociedad dividida en clases no puede existir una opinión pública en general, sino que existe una opinión pública que es promovida y utilizada para favorecer los intereses de la burguesía en el poder, y, por otro lado, una opinión pública que expresa y defiende los intereses del proletariado. Por tanto, se debe entender a la opinión pública como uno más de los espacios donde se libra la lucha ideológica entre poseedores y desposeídos. El imperialismo norteamericano invadió Irak en 2003, mintiendo a la opinión pública mundial sobre la existencia de armas de destrucción masiva, con el propósito de derrocar al gobierno de Sadam Hussein y apoderarse así de su riqueza petrolera.

Para ocultar sus intereses económicos y políticos, el Gobierno estadounidense echó a andar la más gigantesca y poderosa maquinaria de dominación mediática para engañar a los habitantes del planeta, utilizando todos los instrumentos de comunicación masiva a su alcance, como son la televisión, la radio, la prensa escrita y las redes sociales, entre otros.

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