Amable lector, en esta ocasión quisiera hablarle sobre la definición de la palabra democracia. La democracia es una forma de gobierno y organización social donde el poder reside en el conjunto de la ciudadanía, basada en la soberanía popular, la igualdad ante la ley y el respeto a los derechos humanos. Proviene del griego demos y kratos, que significa el poder del pueblo. Pero ¿realmente es así?
La desigualdad en México no es un accidente ni un fenómeno natural, sino resultado de decisiones políticas.
Utilicemos a México como ejemplo de democracia. Las clases que gobiernan este país se llenan la boca diciéndole al pueblo que vivimos en una democracia, que quienes gobiernan son gente del pueblo, que el pueblo eligió a sus gobernantes, pero ¿es cierto esto? ¿Realmente vivimos en una democracia?
Democracia para que unos vivan en las mejores mansiones, con chimenea cuando hace frío y aire acondicionado incluso en el baño cuando hace calor, y democracia para que otros pasen noches en vela en humildes casas de cartón, donde sólo los cubren techos de lámina o incluso de tela, y ya ni hablar de los intensos calores en algunos estados del país.
Democracia para que unos se trasladen en camionetas lujosas y otros recorran kilómetros, saliendo en algunos casos hasta dos horas antes de sus casas para llegar a tiempo a su trabajo.
Democracia para que los hijos de la minoría estudien en las mejores escuelas internacionales y otros abandonen sus estudios por falta de dinero. Democracia para que unos tengan la mejor atención médica en hospitales privados y otros tengan que pensar cómo curar a sus hijos ante la falta de medicamentos en clínicas públicas.

Democracia para que algunos expresen sus opiniones libremente y otros callen por miedo a desaparecer o morir. En fin, así como estos ejemplos hay muchos más que demuestran que la democracia sólo existe para los poderosos, para quienes tienen con qué.
Cuando una minoría tiene el poder económico para imponer gobiernos y legislaturas a su medida, la democracia se vacía de contenido. Ya no se trata de la representación ni de la decisión del pueblo, sino de la administración de intereses privados desde las gubernaturas.
En ese esquema, la ley termina protegiendo la riqueza obtenida por la explotación laboral, mientras se abandona a quienes empobrecen. En un país con este sistema democrático, los cargos de elección popular se han transformado en mercancías al alcance del mejor postor.
La selección de candidatos en los partidos no se define por capacidad ni por compromiso social, sino por la capacidad de financiar campañas y por la garantía de devolver favores a quienes invierten en ellas. Así, la política se convierte en un negocio más y quienes pagan impuestos se quedan sin voz.

Hace unas semanas, Oxfam, confederación internacional de organizaciones no gubernamentales en México con presencia en 80 países, publicó el informe “Oligarquía o democracia”, que respalda los planteamientos que el Movimiento Antorchista Nacional ha sostenido por más de 40 años.
El documento señala que la desigualdad en México no es un accidente ni un fenómeno natural, sino resultado de decisiones políticas. Entre los datos destaca que el 1 % más rico, equivalente a un millón 300 mil personas, concentra el 35 % del ingreso total y posee el 40 % de la riqueza privada nacional, además de generar el 23 % de las emisiones contaminantes.
También se reporta que 18 millones 800 mil personas no tienen acceso a una alimentación nutritiva y de calidad, y que 38 millones 500 mil presentan carencias sociales o ingresos por debajo de la línea de bienestar. ¿Esto es democracia?
El Movimiento Antorchista lleva 52 años luchando contra la pobreza y la desigualdad en el país, buscando que México sea verdaderamente democrático, que el pueblo gobierne y que no se engañe a la gente haciéndole creer que elige libremente a sus gobernantes. Antorcha plantea un cambio real de sistema desde la raíz.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario