MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Tiempo perdido y desgaste obrero, dos consecuencias del capitalismo

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  • El traslado diario consume horas que no se pagan y deteriora la salud de los trabajadores, en un sistema que prioriza la ganancia sobre el bienestar humano

En 1845, Friedrich Engels describió en su célebre obra La situación de la clase obrera en Inglaterra que los trabajadores requeridos por la naciente empresa capitalista en esa nación eran campesinos que abandonaban la actividad agrícola para trasladarse a los lugares donde se ubicaba su posible fuente de trabajo y, para vivir cerca de la misma, alquilaban cualquier espacio sin importar las condiciones infrahumanas que tenían que soportar:

“No hay como la industria para permitir a los propietarios de esos establos el alquiler a precios de viviendas para seres humanos, explotando la miseria de los obreros”.

Ahora el trabajador descansa menos tiempo, ya que se duerme más tarde y se levanta más temprano porque debe desplazarse a distancias más grandes o enfrentar un transporte insuficiente.

No importaba: lo único que se buscaba era encontrar una ubicación cerca del trabajo. Y como la industria siempre va buscando cercanía a las materias primas indispensables para la producción y la facilidad para llegar a los mercados, vender sus mercancías u obtener sus ganancias, nunca se buscó lugares adecuados para que vivieran los trabajadores; ese era su problema, no el del capitalista.

De esta manera fueron surgiendo grandes centros fabriles y verdaderas regiones altamente industrializadas que requerían una numerosa fuerza de trabajo, y empezó la emigración de los habitantes del medio rural hacia esas fuentes de empleo y sobrevivencia. 

Pero como no había un espacio destinado para su alojamiento junto con su familia, empezaron a surgir también zonas dormitorio en los alrededores de los grandes centros urbanos. En nuestro país, aunque de manera tardía, también se presentó este fenómeno.

Ciudades como Monterrey, Ciudad Juárez, Querétaro y el Valle de México han aglutinado grandes contingentes de trabajadores que diariamente deben trasladarse a sus centros de trabajo, invirtiendo mucho tiempo que les resulta de ninguna utilidad.

Estadísticas señalan que el 24% de los trabajadores en el país ocupan de una a dos horas en dicho traslado. Pero en el caso del Valle de México, por las deficiencias del transporte, este tiempo se incrementa hasta en un 50 % (“IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral 2025”, Diario Sustentable).

A nivel general, actualmente se registra que, de 10.2 millones de trabajadores, 2.5 emplean más de una hora en promedio a nivel nacional. Un tiempo que ni se emplea en producir, descansar o adquirir algún conocimiento mediante la lectura, pues la aglomeración en algunos medios de transporte, como el metro, lo hace prácticamente imposible en las llamadas horas pico.

Para el Movimiento Antorchista, los problemas derivados del incremento en el tiempo empleado en el traslado hacia los lugares de trabajo tienen su raíz en el sistema capitalista de producción. Además de ocasionar daños físicos y emocionales, también incrementa la pobreza y el grado de explotación de los trabajadores.

De inmediato se pueden distinguir dos problemas que afectan negativamente la constitución física y emocional del trabajador.

Hay un desgaste en la resistencia promedio: ahora descansa menos tiempo, ya que se duerme más tarde y se levanta más temprano porque, o bien, debe desplazarse a distancias más grandes, o bien, el transporte es insuficiente por el grado de deterioro de las unidades y sistemas de movilidad. De esa manera, tiene que esperar más hasta encontrar un espacio que le permita llegar al trabajo o regresar a su casa.

Además de la falta de planeación gubernamental, se observa una falta de inversión pública y privada que ayude a resolverlo. Además del desgaste físico, los trabajadores también presentan un desgaste emocional.

El tiempo en el tráfico, el riesgo de un asalto y el hambre generan tensión nerviosa y ansiedad que alteran el sistema nervioso y conducen al desarrollo o agudización de problemas gastrointestinales que, además de la pérdida de energía y el correspondiente cansancio, implican un gasto económico, ya que también hay que pagar al médico especialista y los medicamentos; negocio redondo, porque el capitalista controla la producción y venta de fármacos.

Ahora bien, el tiempo empleado en el traslado hacia los lugares de trabajo es una inversión del trabajador: lo requiere para producir. Es un tiempo invertido no pagado, con lo que el grado de explotación aumenta.

Es decir, el trabajador invierte más tiempo en la elaboración de una determinada mercancía porque al tiempo de trabajo hay que sumarle el tiempo de traslado; de otra manera no produce, por lo que debería vender su fuerza de trabajo más cara, pero el patrón le pagará lo mismo.

En cuanto a la recuperación de su fuerza de trabajo, ahora necesitaría un mayor tiempo de descanso y, además, un incremento en cantidad y calidad de satisfactores, ya que requiere medicamentos y atención especializada por los problemas al sistema nervioso que le genera la tensión y la ansiedad.

El capitalista sólo paga el tiempo que el trabajador utiliza para elaborar productos o servicios para él. Durante el tiempo empleado en el traslado, el trabajador aparentemente no produce nada para el capitalista; sin embargo, está generando ganancias a la burguesía como clase.

Es fundamental reconocer que esta situación genera en el trabajador, sin importar sexo o edad, fatiga o estrés, menor productividad y concentración, y un desequilibrio en su tiempo dedicado a su persona o familia.

La legislación protege este abuso cometido contra los trabajadores. La Ley Federal del Trabajo establece la duración del tipo de jornada laboral, pero omite el tiempo de traslado desde donde vive el obrero, el cual puede ir de 40 minutos o una hora 40 minutos hasta tres horas.

Si se consideran la ida y el regreso, son hasta seis horas que, sumadas a las ocho de trabajo productivo, representan hasta catorce horas del día del trabajador. Ello genera un doble desgaste y aumenta el riesgo de accidentes y lesiones permanentes.

Para tratar de combatir este problema se creó la llamada NOM-035-STPS-2018, que exige condiciones para que el trabajador no presente estrés mediante la aplicación de terapias y ayuda psicológica. Sin embargo, en la práctica se trata de un requisito burocrático que no resuelve el problema de fondo.

Para Rosalba Pineda Ramírez, luchadora social del Movimiento Antorchista, “el fenómeno es grave para los trabajadores y la única solución posible es que autoridades y empresas construyan viviendas dignas y saludables cerca de las fuentes de trabajo, pues el trabajador va donde está su fuente de sustento, como lo demuestran los mexicanos que se van a Estados Unidos”.

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