• Suiza y Noruega garantizan servicios básicos aun con bajos salarios, mientras nuestro país sigue acumulando rezagos
Hablar de pobreza no significa lo mismo en todos los países. En México, la marginación suele observarse en viviendas con techos de lámina, muros sin terminar, calles sin pavimentar y acceso irregular a servicios básicos.
La diferencia no es sólo cuánto gana una persona, sino cómo impacta ese ingreso en vivienda, movilidad, educación y servicios.
En cambio, en países como Suiza, incluso los barrios considerados de menor ingreso cuentan con agua potable, calefacción, transporte público eficiente y edificios con mantenimiento regulado, todo bajo un salario base cercano a 4 mil francos suizos al mes, equivalente a poco más de 91 mil pesos mexicanos.
La comparación permite dimensionar cómo el ingreso promedio y las políticas públicas modifican la experiencia cotidiana de quienes viven en zonas de bajos recursos.
En Noruega, uno de los países con mayor desarrollo humano, la pobreza se mide principalmente como pobreza relativa, es decir, personas que ganan menos que el promedio nacional, aunque tengan cubiertas sus necesidades básicas. Los hogares con menos recursos viven con vivienda digna, salud garantizada y apoyo estatal. En México, la pobreza se define por ingreso insuficiente y carencias en derechos sociales.
Otro dato: en China, las familias más pobres tienen vivienda formal con servicios básicos, con ingresos de apenas 23 mil 119 yuanes al año, equivalentes a 60 mil pesos mexicanos. En México, la pobreza suele asociarse a carencias estructurales en vivienda, servicios públicos y empleo informal.

Comparar la pobreza en México y China en 2026 no consiste en poner dos salarios frente a frente. Implica entender cómo se mide, cómo se vive y qué ha cambiado en cada país. La diferencia no es sólo cuánto gana una persona, sino cómo impacta ese ingreso en vivienda, movilidad, educación y servicios.
Comparar la pobreza entre México y otros países implica observar modelos económicos distintos, además de cómo se mide la pobreza y, sobre todo, cómo se vive.
La lista sigue; sin embargo, queda claro que, en nuestro país, ser pobre significa tener ingresos por debajo de la línea de bienestar, presentar al menos una carencia social como educación, salud, seguridad social, vivienda, servicios básicos o alimentación.
Es decir, la pobreza en México no sólo es falta de dinero, sino de condiciones para vivir dignamente. Y vaya que en este rubro hace mucha falta.

Por eso, quienes queremos un país justo y equitativo para todos los mexicanos no podemos dejar de lado que la pobreza es el principal problema social que debemos combatir, que urge conocer su verdadera magnitud y combatirla en el entendido de que no son los datos ni el discurso los que van a acabar con ella, sino la implementación de una serie de políticas públicas verdaderas en beneficio material y espiritual de los sectores más desprotegidos. Un cambio de modelo económico que cale hondo en la estructura y superestructura de la sociedad mexicana.
Yucatán no escapa a este flagelo social. Según el Inegi, el 26.6 % de la población del estado, es decir, 633 mil personas, padece pobreza multidimensional y 85 mil personas sufren pobreza extrema.
Además, el 26.1 %, 619 mil personas, tiene carencia por acceso a la salud; el 19.7 %, 467 mil personas, presenta rezago educativo; un millón 7 mil personas no tiene acceso a la seguridad social, el 42.3 %; la carencia por calidad y espacios de la vivienda la vive el 10.6 %, 251 mil personas; la falta de acceso a los servicios básicos en la vivienda la padecen 705 mil personas, el 29.6 %, y 348 mil personas no tienen acceso a la alimentación nutritiva y de calidad, el 14.7 %.

Finalmente, se reporta que la población con ingreso inferior a las líneas de pobreza por ingresos, según entidad federativa, en Yucatán es de 760 mil personas, el 32 % de la población y en relación con la población con ingreso inferior a las líneas de pobreza extrema por ingresos, es de 155 mil personas, el 6.5 %.
Por eso llamo a los yucatecos pobres a que nos organicemos a crear una fuerza verdaderamente popular, capaz de pelear su derecho a una vida digna, con empleos bien remunerados, que el estado invierta en infraestructura, en particular en vivienda, salud, educación, buena alimentación, espacios recreativos, entre otras y la implementación de una política fiscal progresiva.
Si otros países demuestran en los hechos que sus ciudadanos viven mejor y dignamente, nosotros debemos aspirar a ello.
Luchemos por un país sin pobreza, sin miseria, sin injusticias; que no nos vendan la idea de que por fin el gobierno del bienestar vino a salvarnos con sus programas sociales, que las más de las veces se otorgan selectivamente o se condicionan y no llegan a quienes más lo necesitan.
Puede que quienes proporcionan las estadísticas sobre pobreza en el país las crean, pero el pueblo pobre que ve precarizar su vida tiene que dudarlo y actuar en consecuencia. Organízate y lucha con el Movimiento Antorchista nacional.
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