MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La peor etapa de la educación

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En mi primer día de clases en la Facultad de Pedagogía, uno de nuestros catedráticos nos dio la cordial, pero cruda, bienvenida con la siguiente pregunta: ¿quién de ustedes está aquí, pensando que dará sus clases en una escuela bonita y con todas las condiciones, y se hará rico con su salario? Acto seguido, un silencio absoluto. Después de eso, el profesor nos deleitó, con un detallado retrato de la educación en México, desde la perspectiva y experiencia de un maestro rural de Conafe, de aquellos tiempos en el año 2001.  Fue curioso, pero al día siguiente llegaron siete estudiantes menos a tomar la clase.

Aquel retrato que nos compartió el profesor que refiero, ya era trágico en esos momentos: era evidente la falta de más y mejores escuelas, la falta de preparación de calidad de los profesores, la falta de especialización técnica, de vocación, los malos salarios, las plazas compradas, el poco presupuesto federal, la corrupción, y un largo etcétera más.

Desgraciadamente, después de casi 20 años, a esa fotografía se han sumado otros tantos problemas más, haciendo de la educación actual en México, una de las peores, de las últimas cinco décadas por lo menos. En primer lugar, por todo el rezago que se viene arrastrando, causados por la implementación errónea de modelos educativos desajustados a nuestra realidad, elegidos por los gobiernos en turno. Y en segundo, por el evidente retraso tecnológico de nuestro país. Y, por último, por esta inesperada pandemia, que vino a evidenciar todas las carencias de nuestro sistema educativo nacional.

Hemos pasado ya casi 10 meses con la estrategia de "Aprende en casa&rdquo, estrategia que se implementó casi cuando se declaró oficialmente la contingencia sanitaria en nuestro país por la covid-19. Y todo ha sido apresurado, confuso, y diría yo, también injusto. Antes de la pandemia se sabía que en México existían 52.4 millones de personas que se encontraban en situación de pobreza, y otros 8.6 millones en pobreza extrema, así lo afirmó el Coneval en 2018; y se esperaba que con las complicaciones por pandemia se sumaran otros 12 millones más a la cifra de pobres. Era evidente que se desencadenaría una crisis económica mayor a otros tiempos, que incluso, dicen los especialistas, se tardaría más de 10 años en superarla. 

Pero también era sabido ya, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en colaboración con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), en la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019, que el 76.6% de la población urbana es usuaria de Internet, mientras que en la zona rural la población usuaria se ubica en 47.7 por ciento, y aunado a esto, sólo el 44.3% del total dispone de computadora en sus hogares. Es decir, el 65.7% carecía de una computadora.

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Crisis económica, crisis sanitaria y falta de condiciones para trabajar desde casa, eran datos conocidos, o al menos previstos ya, cuando se acordó la "innovadora” estrategia que refiero. Pese a eso, el mandato fue trabajar como se pudiera. El logro de los objetivos de aprendizaje, el desarrollo de las competencias genéricas, disciplinares y profesionales, pasaron a segundo plano. La forma hizo olvidar la esencia. La esencia de la educación que es "transformar a los hombres y mujeres de este mundo”.

Cuan dañada está ahora la relación profesor-alumno, que ahora cualquier computadora o televisión puede fácilmente sustituirnos. ¿Qué clase de seres humanos se están formando?, ¿Qué nos depara el destino a los profesores?, ¿Qué nos espera en el futuro, cuando esta generación de estudiantes afectada por la "pandemia&rdquo, tenga necesidad de gobernarnos, curarnos o defendernos? Esta etapa, sin duda será un parteaguas en la educación de todo el país. Todo el significado de "la escuela” está quedando reducido a un monitor, teléfono o tableta que habla y da órdenes; ahora se puede tomar clases en la cama, en el sofá, en el comedor y hasta en el baño, porque ha desaparecido la "institución”. La relación más importante en el proceso de enseñanza aprendizaje, que es la de profesor- alumno, está siendo exterminada poco a poco, el distanciamiento social es enorme, a grado tal que algunos maestros no conocen a sus alumnos de nuevo ingreso, más que en foto de perfil.  Pero lo más grave no es eso, sino el hecho de que muchos docentes se han conformado con hacer "lo sugerido” y "lo estipulado&rdquo, con lo que le solicita su autoridad, dejando de lado nuestro rol como agentes de cambio. Y los alumnos por su parte, acostumbrados ya al ciberespacio, nada les ha costado extraviarse en las sinrazones de lo solicitado. Mes con mes decae el cumplimiento en las entregas de actividades, la participación en sus clases virtuales (donde hay condiciones para hacerlas), ya no digamos de la curiosidad natural por aprender. No encuentran razones para aprender porque por ahora ya no es necesario, saben para sus adentros que no reprobaran el grado, aunque no hayan aprendido ni siquiera el nombre de su maestro. Y para colmo, como un distractor intencional, por parte de Gobierno federal se empieza a dispersar el pago de la tan sonada Beca "Benito Juárez&rdquo, una beca universal que propuso la 4T para garantizar mejores condiciones educativas. Nada más irónico. Nos han dejado sin armas a los maestros, un gran golpe a nuestra autoridad. Porque, aunque no haya cumplimiento y disciplina, habrá aprobación, y aunque no haya conocimientos y habilidades, habrá dinero fácil. ¿Qué pretenderá el gobierno con los jóvenes al comprarlos de esta manera?

 Bajo las circunstancias que hemos operado, ahora sabemos ya, que ni aumentando la cantidad de dinero a cada becario, lograremos acércanos un poco a los estándares mínimos de calidad de que gozan otros países. Ya no hay duda, la beca no garantiza la mejora de las condiciones educativas de los estudiantes.

 Si el gobierno en verdad quiere mejorar la vida de los estudiantes, primero deberá mejorar sustancialmente las condiciones económicas de sus familias, y posteriormente ofrecer verdaderas condiciones para el proceso de enseñanza-aprendizaje, por ejemplo, conectividad en todos los rincones del país, internet gratuito para todos, capacitación tecnológica continua para el magisterio, infraestructura tecnológica en las escuelas, y, definitivamente replantear el rumbo de la educación en nuestro país, que, pasando la pandemia, sin duda deberá ser otro.

Ahora más que nunca cobra vigencia el proyecto educativo que proponemos en Antorcha Magisterial. Es urgente que la educación en nuestro país sea crítica, que incite al pensamiento lógico; que sea científica, desentrañe y desarrolle el conocimiento científico y profundo de todos los fenómenos, que sea democrática, equitativa y popular. En síntesis, que emancipe verdaderamente a todo aquel que pase por las aulas.

 

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