• Jóvenes compiten en Espartaqueada y persiguen el sueño del futbol profesional sin garantías
La noche cayó sobre la cancha, pero el ambiente seguía encendido. Bajo las lámparas que iluminaban el campo, los jóvenes de la categoría Juvenil A disputaban cada balón con fuerza.
Entre ellos estaba Ikiker Osiel Candela, originario del estado de Oaxaca, quien representó al estado de Puebla en la Espartaqueada Deportiva, pues estudia en una de las escuelas del Movimiento Antorchista del estado.
De los miles de jóvenes que participan en ligas juveniles, sólo unos cuantos logran debutar en el futbol profesional.
En el terreno de juego se le ve concentrado, atento a cada jugada. Para él, el futbol no es algo nuevo. Comenzó a jugar desde los seis años, motivado por su padre, a quien siempre le ha gustado este deporte. “Él fue quien me enseñó”, cuenta. Desde entonces el balón se volvió parte de su vida.
Como muchos jóvenes mexicanos que pisan una cancha con ilusión, Ikiker también tiene un sueño: llegar algún día a la primera división y jugar en el América. Pero el camino para lograrlo es complicado.

En México, convertirse en futbolista profesional no depende solamente del talento o de las ganas de entrenar. Muchas familias deben hacer grandes esfuerzos para sostener ese sueño: pagar viajes, torneos, uniformes y visorias puede representar miles de pesos durante varios años.
Y aun así, las posibilidades son pocas. De los miles de jóvenes que participan en ligas juveniles y fuerzas básicas, solo unos cuantos logran debutar en el futbol profesional.

La falta de recursos, de espacios deportivos y de oportunidades reales para los jóvenes de origen humilde termina dejando a muchos en el camino.
En medio de esa realidad, la Espartaqueada Deportiva impulsada por el Movimiento Antorchista se ha convertido en un espacio importante para la juventud.

Aquí el deporte no sólo es competencia; también es convivencia, disciplina y formación para miles de jóvenes que encuentran en la cancha una oportunidad de crecer.
Mientras el partido continúa bajo la luz de la noche, Ikiker corre detrás del balón con la misma ilusión con la que empezó a jugar de niño. Como él, muchos jóvenes mantienen viva la esperanza de que el esfuerzo y la constancia puedan abrirles un camino en el futbol.
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