Luego del sismo del pasado 19 de septiembre, el Movimiento Antorchista realizó una convocatoria para que el pueblo organizado colaborara con ayuda para nuestros hermanos en desgracia.La respuesta fue inmediata y poco a poco se fueron conformando cadenas de ayuda que en un breve lapso, lograron recabar grandes cantidades de víveres, mostrando así la solidaridad que la organización tiene hacia la gente en estos momentos tan críticos.Así, bajo los ideales de la Unión, Fraternidad y Lucha, los centros de acopio creados por Antorcha se constituyeron en piezas clave para ayudar a aquellas comunidades rezagadas que se vieron afectadas por este siniestro.
El centro de acopio que abrió el Movimiento Antorchista en Nicolás Romero logró obtener cerca de 10 toneladas de ayuda para damnificados de algunas comunidades en el Estado de Morelos.De la colonia Clara Córdova Morán partió una nutrida caravana conformada por más de diez vehículos, llevando todo el apoyo que gracias a la gente organizada se logró reunir.

Fue así como con la suma de más ciudadanos nos adentramos en diversas comunidades ubicadas en los municipios de Ocuituco, Tetela del Volcán, Jonacatepec, Ayala, Tlaltizapán y Tlaquiltenango, para brindar un necesario apoyo a las víctimas del terremoto.El semblante de nuestros hermanos cambiaba cuando recibían comida, medicina, ropa o agua, situación que nos motivó y alentó para seguir con el trabajo y la razón que nos llevó hasta allí.

Luego de culminar con nuestra misión, poco a poco nos fuimos reuniendo para intercambiar experiencias de todo lo que vimos.Notamos que un compañero mantenía distancia.Con el paso del tiempo, nos íbamos dispersando, pero su semblante se mantenía serio.A la distancia, dos colegas se acercaron hacia donde él estaba, y, tal vez notando la presencia de los camaradas, solo atinó a decir: "No podía dejar de llorar".Presuroso, mostró unas imágenes en su celular a los dos compañeros donde se podían ver casas con evidentes signos de destrucción causados por el terremoto, hogares dañados que se ocultaban en la oscuridad de una noche nublada, ignoradas por el gran circo mediático."Están durmiendo en los patios y en las calles a pesar del frío y la lluvia", expresó con voz trémula.
El reloj marcaba los primeros minutos de un nuevo día; el silencio de las calles era arrullado por el canto unísono de los grillos escondidos entre la vegetación y el monte, que fue interrumpido por una lluvia moderada que obligó a todos a refugiarse en los vehículos.La hora de regresar había llegado y el cansancio en el autobús era evidente, pero no mermó la actitud de aquellos que, por buena fe, asistieron a ayudar a los afectados.
A todos los que donaron, a los voluntarios, a los que operaron los vehículos sin importar la hora, la distancia o los caminos, a la gente que nos acompañó, les damos las gracias.La organización y la unidad nos fortalece y nada podrá quebrantar nuestra voluntad.
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