La revelación de los "Archivos Epstein" expone una red de impunidad que vincula a las más altas esferas del poder político y financiero global
Se ha intensificado una campaña que, en la prensa y en las redes sociales, se conoce como los “Archivos Epstein” en los que aparecen los nombres de políticos de alto rango de varios países y multimillonarios, relacionados por participar en los crímenes que organizaba el señor Jeffrey Epstein, catalogado como un espía al servicio del gobierno israelí.
Epstein no fue un error del sistema: Fue un producto funcional de él. Su poder no residía sólo en su fortuna, sino en su posición dentro de una red que conecta capital financiero y élites políticas.
Jeffrey Epstein nació en Nueva York, en 1953, y murió en su celda en 2019. Fue un magnate financiero a quien se le acusa de ser un pedófilo, violador en serie y traficante de personas; crímenes a los que invitaba a políticos y empresarios de todo el mundo.
Epstein fue detenido en 2006 luego de ser denunciado por menores de edad en Florida. En 2008 logró un acuerdo y evitó cargos federales, cumplió una condena mínima y aseguró la impunidad para sus posibles cómplices. En 2019 fue detenido una vez más por tráfico sexual, pero más tarde fue encontrado colgado en su celda antes del juicio. Parecía que ahí se cerraba el caso y todos sus secuaces respiraban aliviados.

Pero desde hace tiempo se han comenzado a revelar los “Archivos Epstein” o la famosa “lista de clientes”, que incluyen 6 millones de documentos, imágenes y videos en poder del FBI en los que aparecen los clientes cometiendo esos crímenes. Estados Unidos y su prensa le venden al mundo la idea de que Epstein y sus delitos son un mal del sistema que no tiene relación con la civilidad que ellos pregonan.
Pero cualquiera que analice el problema se da cuenta de que Epstein y sus clientes —como los expresidentes Bill Clinton y Donald Trump— son parte de ese sistema de podredumbre que alcanza su máxima expresión en los niveles más altos de la política y el dinero.
Epstein no es un caso aislado del crimen en el sistema capitalista: Es la síntesis de lo que el modelo nos vende como la libertad de hacer todo lo que uno quiera, aunque ese libertinaje viole la ley y atente contra la vida de otras personas.

Se le ha catalogado como un criminal en serie, y eso es cierto según los documentos publicitados. Pero también Donald Trump —que era gran amigo de Epstein y uno de sus clientes— es un criminal de alto rango que, con sus medidas, asesina a decenas de miles de personas en países pobres.
Los últimos ejemplos de esto son el bloqueo petrolero a Cuba, que somete a la isla a privaciones no sólo de combustible, sino de energía eléctrica para hospitales y producción. Otro ejemplo es el asedio a Venezuela y las órdenes impuestas a dicho país. Uno más es el apoyo total a Israel, cuyo ejército está cometiendo un genocidio en Palestina con el respaldo de armamento estadounidense.
Un artículo reciente señala: “La narrativa dominante insiste en presentar a Epstein como una anomalía. Es una lectura cómoda y falsa. Epstein no fue un error del sistema: Fue un producto funcional de él. Su poder no residía sólo en su fortuna, sino en su posición dentro de una red que conecta capital financiero, élites políticas, universidades y aparatos judiciales. No operaba a pesar del poder; operaba gracias a él. (…) La justicia actúa con lógica dual: Rigor punitivo para los de abajo, indulgencia estratégica para los de arriba”.

Son varios los mexicanos que, hasta ahora, aparecen en las listas de Epstein. Según la prensa nacional, los nombres mencionados son: Ricardo Salinas Pliego, Emilio Azcárraga Jean, el exdiplomático Andrés Roemer, el empresario Carlos Slim y Alejandro Junco de la Vega, entre otros.
La prensa mundial nos ha vendido estos archivos como un espectáculo para que nos olvidemos de otros graves problemas: Guerras contra países pobres, invasiones imperiales para el saqueo, pobreza sin límites y la explotación descarada de la plusvalía.
Para acabar con esto, los pueblos del mundo deben unirse, organizarse, educarse y salir a luchar para tomar el poder. Esa es la única salida para acabar con los Epsteins y con la desigualdad que reina en el mundo.
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