MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Combatir a la violencia y al crimen en serio por todos los frentes

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Todos los antorchistas nos sentimos terriblemente dolidos, pero también afrentados e indignados con la falta de verdadera justicia institucional ante el acoso y la persecución, contra inocentes, que vive el país desde hace muchos años y más en nuestros días.

Han pasado más de dos semanas desde que fueron asesinados asesinados nuestros compañeros líderes antorchistas Conrado N., su esposa Mercedes N., y su hijo de apenas siete años. Fueron asesinados con saña, a golpes contundentes en la cabeza y el cuerpo, mientras que al niño lo estrangularon hasta que murió por asfixia.

Sentimos la impotencia y el coraje de ver esas vidas cortadas tan inútilmente, la imposibilidad de evitarlo en este ambiente nacional de violencia, en dónde el crimen y la soberbia de quienes están acostumbrados a que se haga lo que ellos ordenan y mandan, se han enseñoreado alentadas y envalentonadas por la política tibia y hasta cómplice de las autoridades encargadas de la seguridad de todos los mexicanos, quienes han dejado crecer el crimen, en perjuicio de todos, pero sobre todo de los más humildes.

Todos los que conocimos a Conrado y a Meche sabemos que eran buenas personas. Y no podía ser de otro modo, pues el que se adhiere a Antorcha no puede ser sino una persona buena, con nobles intenciones. Pero entre los buenos, ellos eran muy buenos, singularmente bondadosos, alegres y trabajadores, queridos por todos los que los rodeaban y no merecían una muerte tan desproporcionada, tan injusta, tan inconcebible, tan injustificable.

Sabemos que la violencia y el crimen tiene sus raíces profundas en la esencia misma del sistema dividido en clases, y que, por ello, si realmente queremos acabar con esas lacras, se debe poner de cabeza el sistema antero y sacudirlo, transformarlo totalmente para levantar sobre sus ruinas una sociedad justa y poderosa que solucione de manera efectiva los conflictos, que se seguirán generando, pero se podrán zanjar pacíficamente por medios aceptados por todos.

 Hoy, el pensamiento se encuentra enfangado por teorías que tratan de explicar la violencia, con clasificaciones enredadas y presunciones acerca de sus motivos y evolución, que solo logran confundir, y desvían la vista e inteligencia de la gente de la calle. La causa de la violencia está en el sistema mismo que ha elevado a derecho humano y a ley la posibilidad de que algunos se puedan apropiar del trabajo ajeno. hoy reina la ley del más fuerte disfrazada de libertad y oportunidades (¡no encuentro personalmente palabra más tramposa y odiosa!), en donde las mentes más enfermas e inhumanas encuentran el terreno fértil y los mecanismos para abusar de los demás y acumular riquezas a costa del trabajo ajeno.

 Esta es la verdadera explicación, he aquí la raíz de todo crimen y violencia. Eliminando esa causa matriz, se evitarán estos. Pero, ¿esto se puede cambiar?; sí se puede cambiar, para bien. Sí se puede construir una sociedad en la que los intereses fundamentales de todos estén reflejados en el sistema mismo y en las instituciones, bien establecidas las reglas de convivencia y, sobre todo, que todos vean atendidos en los hechos sus intereses y puedan realizarse plenamente como personas, no sólo sin afectar a los demás, sino en conjunto con ellos.

El espacio no alcanza para resumir o siquiera enunciar responsablemente los juicios de esta teoría, pero ahí está para quienes gusten estudiarla. Diré solamente que ya no tenemos que inventar nada, ni perder el tiempo en teorías falsas, bien o mal intencionadas, ningún arma, cárcel, sistema de leyes, o institución podrá jamás acabar con el crimen, la violencia y la inseguridad, si no se modifica el sistema económico social que permite y hasta exige que todos salgamos todos los días a competir y abusar de los demás y/o a no dejarse.

 Una sociedad en desarrollo, con justicia y sin violencia, sus fundamentos y principios es lo que está en el fondo de la teoría de Carlos Marx. Llamo a no olvidarlo: un mundo justo, sin las máculas del crimen y la violencia, sin sus causas profundas, eso es lo que está en el fondo del pensamiento marxista, los verdaderos marxistas, pues, son materialistas filosóficos, pero idealistas morales, humanistas comprometidos y consecuentes.

 Hoy se calumnia a Marx y a los marxistas de ser promotores de la violencia, de justificar teóricamente e incitar a ella. Pero no, es precisamente lo contrario, recuerda cada vez que escuches alguna calumnia en contra de Carlos Marx y de los marxistas: ser marxista es ser un humanista que sueña y busca con su lucha diaria ese mundo libre de explotación e injusticia, libre de toda forma de violencia y crimen.

 Y recuerda, también, que precisamente esos que los calumnian son los beneficiarios y promotores de esa misma violencia y crimen (y sus lacayos) los que se enriquecen con la violencia, los que invaden países, destruyen y explotan los recursos de los pueblos, y son los promotores de Guerras despiadadas, son los mismos que han lanzado toneladas de bombas explosivas, químicas y bacteriológicas para matar a miles de seres humanos inocentes sin necesidad, son los mismos que planearon, apoyaron y ejecutaron (con sus propias manos) el holocausto en el que millones de personas fueron asesinadas e incineradas, son los mismos miserables que ven con desprecio a los pobres y solo los miran como carne de producción, para obtener riquezas, como carne de elección y de guerra para defender sus avaros intereses, quienes encuentran su cínico ideal en el Nazismo, declarado o velado, son los que lanzaron las bombas atómicas matando a más de 150 mil personas instantáneamente y otro tanto en los días siguientes tras la más dolorosa agonía. Nunca lo olvides.

 La salvación de la humanidad, y el fin de la violencia y el crimen es el que propuso Carlos Marx, y lo hizo pensando precisamente en la defensa de esa humanidad. Pero, mientras eso es posible, los pueblos, los trabajadores, los humildes debemos exigir a las instituciones que hagan su trabajo, que realmente se comprometan y logren cuidar a todos los mexicanos, por lo menos a quienes llevamos una vida honesta y actuamos conforme la ley permite, y que no merecemos ser víctimas inocentes de quienes acostumbran a imponer sus intereses y deseos mediante la violencia, la agresión y el crimen.

 Es momento de que todos los mexicanos nos levantemos indignados y exijamos a quienes pelearon el poder con denuedo inaudito a que, ahora, con ese mismo empeño cumplan su función, combatan al crimen, cuiden a los mexicanos honestos y vayan construyendo una nación que se desarrolle en paz.

 Y si no lo pueden hacer, no olvidemos que el pueblo sí puede, que cada incapacidad u omisión de los funcionarios, sean del color que sean, justifica y hace evidente la necesidad de que el pueblo se organice y luche y, en su momento, tome en sus manos el poder para hacer con él lo que hasta ahorita no han podido o no han querido hacer los que lo han tenido o lo tienen.

 Nosotros, por lo menos, es ese el compromiso que hacemos para honrar la memoria de nuestros compañeros Conrado, Mercedes y su hijo, quienes solo por eso, seguirán vivos en la memoria y en el corazón, pero también en las acciones cotidianas y vivas, en cada rincón en donde esté vivo y luchando algún antorchista, de hoy y los que vienen.

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